En el taller trabajamos con una idea muy simple: el instrumento tiene que sentirse vivo desde el primer acorde. Por eso cuidamos la selección de maderas, el armado, el balance y la respuesta sonora con una obsesión bastante sana.
La tradición argentina no se mira desde lejos. Se usa, se corrige y se mejora en cada banco de trabajo. Ese es nuestro oficio, y también nuestra forma de agradecer la confianza de quienes vuelven.